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El nombre de la Virgen de la Puerta tiene que ver con una antigua
leyenda según la cual muchas imágenes religiosas tienen por costumbre:
salir de sus templos durante la noche o la madrugada para ir a auxiliar
a enfermos, remediar necesidades, ayudar a bien morir.
Es corriente oír decir de tal o cual imagen haberla visto caminando por
calles oscuras y desiertas y entrando en casitas donde hay un enfermo
grave, poca comida o poca ropa de abrigo. Los devotos que tienen la
obligación de vestir a estas imágenes revisan con detenimiento el ruedo
de sus vestidos para descubrir huellas de barro o polvo pegado a los
encajes de la ropa interior de las vírgenes, lo que denuncia su
transitar misterioso.
A la Virgen de la Puerta de la ciudad de Otuzco, en el departamento de
La Libertad, se le atribuyen parecidas andanzas, como también sucede con
la Mamacha Carmen de Paucartambo en el Cusco o la Virgen Dolorosa en
Cajamarca. El nombre "de la Puerta" halla su explicación en el supuesto
hecho de haber encontrado a la imagen LIC la Virgen lejos del trono en
el que se la venera dentro del templo donde habita y cerca de la puerta
del mismo.
Parte de la razón de ser de este nombre podría originarse en el
ceremonial que precede a la procesión de la Virgen el día principal de
su fiesta en Otuzco. Ese día la imagen es colocada en un alto nicho de
la fachada del templo, desde el que, lindamente ataviada, mira a toda su
feligresía. Desde el nicho se tiende una maroma de hilos de acero que
llega hasta el anda donde, llegado el momento, se instala a la Virgen de
la Puerta. La imagen entonces desciende desde lo alto ante el pasmo de
todos sus devotos y se traslada suavemente al anda ya aderezada que allí
la espera.
Este es el momento en el que la concurrencia observa el rostro de la
Virgen y, según su estado, hace pronósticos sobre el futuro de muchas
cosas. Si la Virgen desciende pálida y temerosa, se sospecha mal año. Si
desciende sonrosada, alegre y con mirada brillante, se espera buen año,
buena cosecha. La Virgen tiene un público muy numeroso y entusiasta
entre sus devotos. Cuando iba a celebrarse la coronación canónica hace
años en la ciudad de Trujillo se produjo un tumulto de chóferes, pues
cada tino quena transportar en su vehículo desde Otuzco a la imagen.
Salomónicamente se resolvió que un conductor llevara los vestidos de la
Virgen, otro las joyas, otro los aderezos del anda, etcétera.
La imagen fue vestida y desvestida varias veces durante el viaje. Si se
aproximaba a un pueblo que tuviera templo, antes de llegar a él se le
retiraba el sombrero de paja, el velo y el guardapolvo que usaba para
evitar que el polvo del camino marchitara su belleza y se le cambiaba de
ropa. Si las circunstancias lo ameritaban -por ejemplo, si se había
preparado un gran recibimiento con arcos de flores, nubes y palomas,
bailarines y músicos-, el cortejo hacía un alto y la Virgen era vestida
de gala y enjoyada. Así, deslumbrante, entraba la Señora en los pueblos,
haciendo alto bajo sus arcos.
La Virgen se movía como una lindísima reina que salía fuera de su
alcázar. Tenía su propio equipo de azafatas que la cuidaban, mirando por
su descanso y apariencia. Los músicos, los bailarines, la corte de
devotos, en fin, la comitiva que tras la imagen se movía despacio en las
noches, parecía un camino de luciérnagas debido a las luces de los autos
y a las infinitas calderas que los fieles cuidaban de que siempre
estuvieran encendidas.
Este avanzar tan lleno de paradas, de cambios de ropa, de corona, de
joyas, de volver a peinarla, hizo que el descendimiento de la Virgen de
la Puerta desde Otuzco hasta Trujillo fuera lento y difícil. Los
cronistas hispanos que vieron la entrada del príncipe Atahualpa a la
gran plaza de Cajamarca dicen que el anda en que venia era sostenida por
80 señores principales vestidos todos con una rica librea azul y que,
sobre las miles de cabezas de los acompañantes, parecía un castillo
deslumbrante de avanzar pausado. Así se vio entrar en la plaza de armas
de Trujillo a la procesión que portó a la Virgen de Otuzco.
Las andas de madera labrada desaparecían bajo inmensos ornamentos de
plata, en particular dos formas que simulaban alas que se tocaban en las
puntas de las plumas guías y encerraban la silueta delicada de la
Virgen. El cortejo entró en la plaza, lugar donde se había instalado un
estrado para que allí pudiera orar la autoridad eclesial, por la calle
que lleva derecho al atrio de la catedral. A medida que el desfile
ingresaba aparecieron niñas vestidas de ángeles arrojando pétalos de
flores al piso. Luego llegó el gran conjunto de danza Las Coyas de
Otuzco, con sus vestidos negros -color tradicional de las mujeres
norteñas. |
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Gracias madre universal solo en ti confió y solo tu
puedes perdonarme y concederme el milagro... amen |
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