Los
pobladores de la comunidad minera peruana de La Oroya,
en el centro del país, presentan índices de
contaminación con plomo en la sangre treinta veces
mayores que los considerados aceptables, según un
estudio científico.
Ese estudio señala que la actividad en la región de una
planta de la empresa minera estadounidense Doe Run, una
de las mayores productoras de plomo del mundo, sería la
principal causa de los elevados índices.
El médico Fernando Serrano, coordinador del grupo que
realizó los estudios, aseguró que “toda” la población
está contaminada por un “cóctel de tóxicos de metales”.
Serrano opinó que La Oroya “no es un lugar habitable”, y
que a él mismo se le duplicó el nivel de plomo en sangre
apenas dos días después de llegar a la zona.
“Desde la perspectiva de salud pública, esta evidencia
muestra la necesidad de acciones urgentes”, sostuvo. Los
expertos, que fueron contratados por la estadounidense
Universidad de San Luis, señalaron que el 97 por ciento
de los menores de seis años en La Oroya tienen “altos
niveles” de plomo, cadmio y arsénico en la sangre.
Denunciaron también “grandes dificultades” para realizar
su trabajo, ya que cuando llegaron a la región, en
agosto, unos 30 lugareños arrojaron piedras y huevos a
los miembros del equipo.
Según explicó Serrano, si bien los pobladores de La
Oroya conocen los riesgos a los que están expuestos,
respaldan la actividad de Doe Run por ser la principal
fuente de ingresos de la zona.
Voceros de la compañía dijeron que aún no han visto el
estudio, por lo que es “imposible” para ellos opinar
sobre su contenido, pero argumentaron que la planta “ha
contaminado el área por décadas”.
Doe Run compró la planta de La Oroya al Estado peruano
en 1997, y asumió en ese momento el compromiso de
construir una planta de ácido sulfúrico para eliminar
sus emisiones tóxicas y evitar daños ambientales.
Si bien estaba previsto que la planta anexa se instalaría en 2006, la
firma alegó que por “razones de costos” terminaría las
obras recién en 2009.
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