El velatorio
El Vaticano televisa por primera vez el velatorio de un Papa


 

Las cámaras irrumpieron en el velatorio de Juan Pablo II sin restricciones ni límites. Vimos las arrugas del Pontífice, los mocasines encarnados, las manos blancas aferradas a un rosario. Era la deuda póstuma del Papa mediático, porque nunca una televisión había violado la capilla ardiente de un Pontífice recién muerto. Hasta ayer se observaban 24 horas de intimidad informativa, sopena de excomunión a quienes transgredieran el embargo. Desde ayer, el Gran Hermano también ha cruzado el umbral del Vaticano para mostrar el cadáver del Papa.


Juan Pablo II yacía en un catafalco dorado. Tenía el rostro lívido e inexpresivo como una figura de cera. Llevaba puesta la mitra y una casulla espesa de terciopelo que recubría su cuerpo anciano. No habíamos vuelto a ver al Papa desde el miércoles pasado, cuando apareció en la ventana de San Pedro exhausto, tembloroso y agonizante. Ahora el cadáver amortajado descansa en la sala Clementina del Vaticano, custodiado por los oficiales de la guardia suiza, al paso de los miembros de la curia y de las autoridades. Todo en directo, en riguroso directo.

De otro modo hubiera sido impensable que los televidentes pudieran asistir desde casa al trance de la bendición. Vimos a monseñor Martínez Somalo esparcir con agua santa el cadáver de Juan Pablo II y formular sobre el sueño eterno una fórmula latina.

Sucedió después de haberse honrado la memoria del Papa con el boato de una misa multitudinaria. Cien mil personas abarrotaron la plaza de San Pedro sin miedo a interrumpir la solemnidad del ritual aplaudiendo cada vez que se pronunciaba el nombre del Papa.

Lo hizo con voz atiplada el cardenal Sodano, oficiante de la misa para el sufragio del alma de Juan Pablo II el Grande. Así lo bautizó el purpurado italiano concediendo a Karol Wojtyla la dignidad de un santo y los honores de un Pontífice histórico.

Había una sorpresa. Monseñor Sandri, la voz del Papa cuando no podía hablar, sorprendió a todos con un mensaje que Juan Pablo II había dejado escrito: «Es el amor el que convierte los corazones y dona la paz, para una Humanidad que a veces parece perdida y dominada por el mal, el egoísmo y el miedo».

Nada que ver con el lenguaje funcionarial que se desprendía del certificado médico dado a conocer ayer con la firma del doctor Buzzonetti. «Certifico que Su Santidad Juan Pablo II, nacido en Wadowice el 18 de mayo de 1920, residente en la Ciudad del Vaticano, ciudadano vaticano, falleció a las 21.37 horas del día 2 de abril de 2005 en su apartamento en el Palacio Apostólico Vaticano a causa de shock séptico y de colapso cardiocirculatorio irreversible».

Karol Wojtyla ha sido embalsamado cuidadosamente, para evitar los contratiempos que se produjeron tras la muerte de Pablo VI. El cuerpo del Pontífice italiano se había deteriorado de tal modo que las autoridades vaticanas decidieron cerrar el ataúd antes del plazo fijado para la exposición del cadáver.

La despedida

El velatorio público de los restos de Juan Pablo II está previsto hoy a las cinco de la tarde en la plaza de San Pedro. Serán tres días de exposición para que puedan rendirle homenaje los centenares de miles de personas que van a desplazarse a la capital. Así se explica que las autoridades italianas mantuvieran una reunión de emergencia para organizar el dispositivo logístico del alojamiento -cuatro zonas periféricas de Roma- y también para coordinar las medidas de seguridad que requieren la llegada a Roma de 250 delegaciones oficiales. Incluida la que preside José Luis Rodríguez Zapatero.

El funeral no va a oficiarse antes del jueves ni el cónclave podrá reunirse antes del 17 de abril, aunque casi todos los cardenales ya se encuentran en Roma porque constituyen una especie de organismo de gobierno provisional mientras se produce la elección del nuevo Papa.

En este mismo contexto de sede vacante, el cardenal Martínez Somalo ejerce de regente, aunque únicamente puede tomar decisiones en el ámbito administrativo. Muchas de ellas para aplicar los rituales y las normas relativas a las exequias pontificias. Existía la sospecha de que el Papa hubiera dispuesto enterrarse en Polonia, pero fuentes extraoficiales sostienen que los restos mortales de Juan Pablo II reposarán en la cripta de la basílica de San Pedro.

La conmoción de la muerte del Papa se localiza en la plaza vaticana y en la avenida de la Conciliación. Fuera del perímetro sagrado, Roma bulle aparentemente ajena al luto. Ni siquiera ayer parecía domingo. Los negocios estaban abiertos, la Fontana de Trevi no daba abasto para contener a los turistas y la Via del Corso alojaba a miles de personas con hambre de helados y de compras. Síntomas de mundanidad que contradicen la noticia de la muerte de un Papa histórico. Roma, caput mundi, sigue abarrotada de mercaderes.
Por Ruben Amón

 
Visita de S.S. Juan Pablo II en el Perú - 1985

 

 Su Santidad Juan Pablo II, Vicario de Cristo,

fue llamado a la presencia de Dios

 


Con esperanza gozosa en la Resurrección, los Obispos de la Iglesia Católica en el Perú, invitan a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a unirse en oración por el eterno descanso de Su Santidad Juan Pablo II.

El Santo Padre ha partido a la presencia de Dios hoy sábado, día que la Iglesia dedica a Nuestra Santísima Madre María, a quien con gran amor consagró su Pontificado con el lema “Totus Tuus”, que significa Todo Tuyo en latín.

Los Pastores del pueblo peruano invocamos a todos los fieles a orar a Dios y agradecer por el don de su vida, por su donación como Sacerdote, Obispo de Roma y Vicario de Cristo en la Tierra; al servicio de toda la humanidad.

En sus 26 años de Pontificado, el Santo Padre expresó en varias oportunidades su amor por nuestro país, que visitó en dos oportunidades: Del 1º al 5 de febrero de 1985, cuando recorrió las ciudad de Ayacucho, Cusco, Piura, Trujillo, Arequipa, Iquitos, Lima y Callao. Del 14 al 16 de mayo de 1988, llegó a la capital peruana para presidir la solemne ceremonia de clausura del V Congreso Eucarístico y Mariano de los Países Bolivarianos.

Muchos recordamos con gran emoción el momento en que el Vicario de Cristo besó el suelo peruano al bajar del avión que lo traía por primera vez al Perú, como una muestra de estima a esta tierra, que lo acogió con el corazón abierto.

Juan Pablo II fue recibido por el entonces Arzobispo de Lima y ex Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana, Cardenal Juan Landázuri Ricketts, OFM; el Nuncio Apostólico en el Perú, Monseñor Mario Tagliaferri y el ex Presidente de la República, Fernando Belaúnde Terry.

Su Santidad visitó Palacio de Gobierno, la Catedral de Lima, la sede de la Conferencia Episcopal Peruana, lugares donde sostuvo reuniones con el Cuerpo Diplomático, los Obispos, el clero arquidiocesano, religiosos, religiosas y agentes de pastoral. Asimismo, durante su estadía en Lima se reunió con los jóvenes en el Hipódromo de Monterrico y con las familias de los pueblos jóvenes en Villa El Salvador. Durante su encuentro con las familias, el Vicario de Cristo, ordenó a 47 sacerdotes peruanos.

Posteriormente, salió al encuentro de los nativos, aborígenes y campesinos durante su visita apostólica a Iquitos, Cusco y Ayacucho, Trujillo y Piura. En su visita a la Selva del Perú, el Santo Padre inmortalizó la frase: “El Papa es Charapa”.

A su llegada al Primer Puerto del Callao, el Pontífice se identificó con la población chalaca y celebró una jornada con los ancianos y enfermos de esta diócesis. También visitó Arequipa donde beatificó a Sor Ana de los Ángeles y coronó a la Virgen de Chapi, como Patrona de esta arquidiócesis.

Tres años después, el 14 de mayo de 1988, Juan Pablo II regresó a la capital peruana para participar en la ceremonia de clausura del V Congreso Eucarístico y Mariano de los Países Bolivarianos.

En la Plaza de Armas de Lima, sostuvo un encuentro con los misioneros laicos, y celebró una jornada con los jóvenes, en el Campo de Marte. También, dirigió mensajes a las integrantes de los Institutos Femeninos de Vida Consagrada, a las personas del mundo de la cultura y la empresa, y a los reclusos.

Al despedirse del pueblo peruano, Su Santidad dijo: “Queridos amigos del Perú: sabed que el Papa os ama, que comparte vuestras angustias y esperanzas, que reza por vosotros y os bendice con esa bendición que tanto imploráis y tanto pedís, y que yo, antes de marchar os imparto de corazón”.